19 dic. 2017

Entender el Abismo - Parte I




A todas luces, Saturno en Sagitario ha revolucionado nuestras vidas, y mañana, será un día (si llega) en que "El Gran Maestro del látigo kármico" vuelve a su punto de partida entrando en Capricornio, en este caso, invita a cosechar los esfuerzos en los campos que hemos regado con lágrimas de sangre y de paso, morder los frutos del conocimiento adquirido. Sean buenos o malos, visto que hay gente que no aprende. Es el momento también de liberarse de viejas deudas, liberarse de todo rastro de rencor, miedo, deseos de venganza, desespero, tristeza y archivar el pasado. Pero no es de astrología que he venido hablar en este último post. Hace meses que no escribo aquí y justamente porque los últimos cuatro años, la vida me ha dado unas cuantas lecciones más de las que he tenido en toda mi vida, a base de palos, al estilo de Saturno en Sagitario, que sólo no aprendemos si somos realmente masoquistas. Pero no hay que temer a Saturno, mucho por lo contrario. Él espera definitivamente que venzas el miedo que te hace errar en tus juicios y acciones. 

He vuelto porque echaba de menos escribir, pues incluso de esto estaba impedida desde hace cuatro meses. Estaba inmersa en unas de estas fases de introspección sobre la profunda crisis que se abalanzó sobre mí mientras mi mundo se derrumbaba del todo ante mi total impotencia, no obstante, tolerancia, pues no había más remedio. Sabía que debía pasar y no podría evitar. Era absolutamente necesario y me siento muy grata por ello. Siempre digo que no se puede construir nada nuevo sobre bases viejas... Mucho menos sobre ruinas. Hay que retirar los escombros, limpiar el terreno, sentarse desnudo y diseñar un nuevo edificio... o no... Porque esta tendencia que tenemos de pensar que siempre estamos obligados a construir algo ajeno a nosotros es nefasta. La construcción es interna. Las pérdidas externas no son más que el reflejo de lo que debía ser destruido dentro. Y con la reconstrucción interna, todo externo es reconstruido como por arte de magia. Sin embargo, hay que deshacerse de los residuos que todavía quedan esparcidos. Hay que limpiar todo... Y que quede todo reluciente o obscuro. Sombras y luces se complementan.


La gente tiene mucho miedo a morder el polvo. Se agarran a un clavo ardiendo. Es comprensible. Pero no hay otra vía de autoconocimiento. No será sentados en posición de loto que conseguiremos la hazaña de superar nuestra prueba vital. Es en el campo de batalla de nuestras propias vidas, porque desgraciadamente el ser humano no aprende con el placer, sino con el dolor aunque contemos con las dos opciones generosamente brindadas por en Santo Universo.
El orgullo, el miedo de lo que pensarán o dirán, un falso concepto de la dignidad, del honor, de los derechos, de los principios, de lo prioritario, de las leyes naturales que rigen la vida, hacen que el precipicio sea mayor y la caída más traumática y muchas veces letal. Hay gente que se vuelve loca y acaba por elegir la autodestrucción. El miedo y la evasión sólo agrava lo inevitable. Los verdaderas virtudes citadas en este parágrafo, sólo se desarrollan cuando estamos estrellados y con suerte, encontraremos una buena alma que nos ayude a levantarnos y a curar las heridas para que sigamos el camino del cual nos hemos desviado para acabar en una isla de puro acantilados, donde las salidas es arriba volando o abajo rompiéndose en mil pedazos. De las dos formas hay que desarrollar algo que no se tenía todavía. Una, las alas, otra, agallas...


Luego, viene el vacío. Es bueno perder las falsas identidades, que son muchas. Las etiquetas... Te liberas de lo que estaba oprimiendo, haciéndote jugar un juego donde no hay reales ganadores porque todo lo que ves es una ilusión. En el suelo, con tu orgullo roto, puedes ver claramente como son las cosas. Puedes ver claramente como eres. Sólo te queda aceptar y rendirse a tu Yo real. Si no lo haces, este infierno se repetirá una y otra vez hasta que ya no te levantes.


Cuando hablo en levantarse, uno ya luego imagina en recuperar cosas materiales, el Status o aquella  soberanía egocéntrica, es decir, quieren recuperar lo que les han hecho caer porque todas estas cosas no tienen valor en el mundo espiritual y la vibración evolutiva espiritual actual__ a pesar del desbarajuste mundial a nuestro alrededor, fiel espejo de nuestra estupidez__ nos está llamando a gritos. A veces nos llama a palizas por si acaso no hemos entendido el mensaje pues es común en el ser humano, atender al grito de la conmoción. Es cierto que, en situaciones límite, a menudo no sabemos qué hacer, es decir, sí lo sabemos, pero nos resistimos. Hay que rendirse, fluir, dejar ocurrir sobre todo cuando percibimos que cada acto que intentamos para evitarlo, se convierte en un obstáculo más. Es ahí donde entendemos que no tenemos ningún control sobre la situación que trata de hacernos renacer en una consciencia más pulida, más amplia, más sana. Luego entiendes que el verdadero control es sobre sí mismo.

Muchos están hablando de eso por ahí. Pero hablar no es suficiente, porque quizas están hablando de la experiencia de otros, sentados delante de sus cámaras de "Youtbers"... No, no, no... La experiencia en primera persona es lo que determina la sabiduría sobre el tema. Todo lo demás es charlatanismo para vender. No les culpo. En este mundo hay que vender o comprar algo. Pero por lo menos que sea verdadero.


En la Última Luna Nueva del año.





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